lunes, 31 de diciembre de 2012

Balance de 2012… y lo que te rondaré morena.


Cuando quedan pocas horas de 2012, va tocando el repaso de lo que ha sido este año, los telediarios se llenan de espacios de lo mejor del deporte, lo mejor del año en la música o los momentos televisivos más divertidos, creo que si hacemos un repaso de la evolución nuestra psicología colectiva a lo largo de este año, nos hacemos conscientes de que cada vez nos vemos más pequeños y nuestro suelo se hace menos estable.

Es cierto que en los peores momentos colectivos surgen grandes ejemplos personales, sucedió, por ejemplo ante la catástrofe del Prestige en Galicia, ante la ineptitud y la incapacidad de los gobernantes, fue la propia ciudadanía quien se organizó para hacer lo que el gobierno podía y tenía medios para hacer, pero sencillamente no podía o no quería hacer. Algo parecido está sucediendo con nuestros servicios sociales y nuestra red de solidaridad, mientras este gobierno incapaz va destejiendo la red y ahogando a quien se encarga de ella, surgen movimientos pequeños en algunos casos, pero significativos en todos, heroicos que dan amparo y algo de estabilidad a quien menos tiene; muchos dicen que se cambia solidariedad por caridad, yo creo que vivimos ahora, lo que ya hemos vivido en el post Prestige, una reacción popular en un momento de emergencia social. Y es ahora, cuando me duele más que ninguna puñalada escuchar a mi amigo Víctor Omgbá llorar en la radio porque la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de A Coruña consideran que atender a cientos de miles de emigrantes que no tienen nada, como hace Equus Zebra, merece 0 euros para el próximo año.

No es cierto que el recorte se haga a bulto, sobre lo fácil y  no sobre lo prescindible, lo único cierto es que hemos puesto a los zorros a cuidar de las gallinas, quien tiene las herramientas para, por lo menos, desacelerar la destrucción de empleo y el desamparo de quien más necesita la intervención del Estado, son los mismos que nos han metido en un círculo vicioso de destrucción de lo público, cuanto más recortes más sufrimiento y peores datos económicos, que justifican nuevos recortes.
Asumo que este racionamiento es simple y cierto, y que estos razonamientos han caído en desuso, ahora lo que se lleva, la vanguardia política y económica, lleva a razonamientos del tipo: facilitar el despedido para acabar con el paro, privatizar la sanidad para garantizar la supervivencia de la sanidad pública, pagar tasas en la justicia para que exista más y mejor justicia, rebajar las cotizaciones sociales a cargo de las empresas y que no existan fondos en la Seguridad Social para las pagas de los pensionistas o desmantelar la ley de dependencia para que los dependientes estén mejor atendidos.

No estoy siendo pesimista, simplemente estoy recogiendo una percepción que creo colectiva, de una sinrazón que hiere tanto que ocupa la mayor parte de nuestras conversaciones y nuestras preocupaciones; y como no va a preocuparnos, la posibilidad de que nuestro futuro personal (el de cada uno individualmente considerado) sea peor es cada vez mayor y la protección en el caso de que eso suceda es cada vez menor. Nos vemos obligados a ahorrar por si nos quedamos en el paro, porque no sabemos cuanto nos quedará de prestación por desempleo, tenemos que ahorrar por si enfermamos porque no sabemos si el copago llegará al 100%, hay que ahorrar porque no sabemos si el próximo mes cobraremos y porque si no lo hacemos, además tendremos que pagar tasas para recuperar lo nuestro.

Es obvio que los recortes no van sobre los prescindible o sobre lo fácil, simplemente son pasos calculados para el desmantelamiento de lo público, de esa red que nos permite vivir con desahogo, que nos permite comprarnos un coche, irnos de vacaciones, reformar nuestra casa o hipotecarnos, porque todos estos gastos hasta hace nada eran normales o comunes, hoy soy una frivolidad, porque viviremos con la sensación de que hemos gastado en un viaje a Punta Cana lo que puede que necesitemos gastar en una operación de vesícula o en el pan de nuestros hijos porque ya no sabemos si el próximo mes seguiremos trabajando ni qué nos corresponderá si no es así.

Mientras tanto, los funcionarios no tienen paga extra, que no consumen en los comercios de su ciudad, que no ven motivos para contratar a nuevos empleados, porque nadie suelta un céntimo, ese céntimo, ese pequeño céntimo que mañana puede sacarnos de una situación peliaguda porque no podemos depender indefinidamente de la buena voluntad de nuestros vecinos, porque de cuestiones de importancia colectiva debería de existir gestión colectiva.