Cuando quedan pocas horas de
2012, va tocando el repaso de lo que ha sido este año, los telediarios se
llenan de espacios de lo mejor del deporte, lo mejor del año en la música o los
momentos televisivos más divertidos, creo que si hacemos un repaso de la
evolución nuestra psicología colectiva a lo largo de este año, nos hacemos
conscientes de que cada vez nos vemos más pequeños y nuestro suelo se hace
menos estable.
Es cierto que en los peores
momentos colectivos surgen grandes ejemplos personales, sucedió, por ejemplo
ante la catástrofe del Prestige en Galicia, ante la ineptitud y la incapacidad
de los gobernantes, fue la propia ciudadanía quien se organizó para hacer lo
que el gobierno podía y tenía medios para hacer, pero sencillamente no podía o
no quería hacer. Algo parecido está sucediendo con nuestros servicios sociales
y nuestra red de solidaridad, mientras este gobierno incapaz va destejiendo la
red y ahogando a quien se encarga de ella, surgen movimientos pequeños en algunos
casos, pero significativos en todos, heroicos que dan amparo y algo de estabilidad
a quien menos tiene; muchos dicen que se cambia solidariedad por caridad, yo
creo que vivimos ahora, lo que ya hemos vivido en el post Prestige, una reacción popular
en un momento de emergencia social. Y es ahora, cuando me duele más que ninguna puñalada escuchar
a mi amigo Víctor Omgbá llorar en la radio porque la Xunta de Galicia y el
Ayuntamiento de A Coruña consideran que atender a cientos de miles de
emigrantes que no tienen nada, como hace Equus Zebra, merece 0 euros para el
próximo año.
No es cierto que el recorte se
haga a bulto, sobre lo fácil y no sobre
lo prescindible, lo único cierto es que hemos puesto a los zorros a cuidar de
las gallinas, quien tiene las herramientas para, por lo menos, desacelerar la
destrucción de empleo y el desamparo de quien más necesita la intervención del
Estado, son los mismos que nos han metido en un círculo vicioso de destrucción
de lo público, cuanto más recortes más sufrimiento y peores datos económicos,
que justifican nuevos recortes.
Asumo que este racionamiento es
simple y cierto, y que estos razonamientos han caído en desuso, ahora lo que se
lleva, la vanguardia política y económica, lleva a razonamientos del tipo:
facilitar el despedido para acabar con el paro, privatizar la sanidad para
garantizar la supervivencia de la sanidad pública, pagar tasas en la justicia
para que exista más y mejor justicia, rebajar las cotizaciones sociales a cargo
de las empresas y que no existan fondos en la Seguridad Social para las pagas
de los pensionistas o desmantelar la ley de dependencia para que los
dependientes estén mejor atendidos.
No estoy siendo pesimista,
simplemente estoy recogiendo una percepción que creo colectiva, de una sinrazón
que hiere tanto que ocupa la mayor parte de nuestras conversaciones y nuestras
preocupaciones; y como no va a preocuparnos, la posibilidad de que nuestro
futuro personal (el de cada uno individualmente considerado) sea peor es cada
vez mayor y la protección en el caso de que eso suceda es cada vez menor. Nos
vemos obligados a ahorrar por si nos quedamos en el paro, porque no sabemos
cuanto nos quedará de prestación por desempleo, tenemos que ahorrar por si
enfermamos porque no sabemos si el copago llegará al 100%, hay que ahorrar
porque no sabemos si el próximo mes cobraremos y porque si no lo hacemos,
además tendremos que pagar tasas para recuperar lo nuestro.
Es obvio que los recortes no van
sobre los prescindible o sobre lo fácil, simplemente son pasos calculados para
el desmantelamiento de lo público, de esa red que nos permite vivir con
desahogo, que nos permite comprarnos un coche, irnos de vacaciones, reformar
nuestra casa o hipotecarnos, porque todos estos gastos hasta hace nada eran
normales o comunes, hoy soy una frivolidad, porque viviremos con la sensación
de que hemos gastado en un viaje a Punta Cana lo que puede que necesitemos
gastar en una operación de vesícula o en el pan de nuestros hijos porque ya no
sabemos si el próximo mes seguiremos trabajando ni qué nos corresponderá si no
es así.
Mientras tanto, los funcionarios
no tienen paga extra, que no consumen en los comercios de su ciudad, que no ven
motivos para contratar a nuevos empleados, porque nadie suelta un céntimo, ese
céntimo, ese pequeño céntimo que mañana puede sacarnos de una situación
peliaguda porque no podemos depender indefinidamente de la buena voluntad de
nuestros vecinos, porque de cuestiones de importancia colectiva debería de
existir gestión colectiva.