lunes, 7 de septiembre de 2015

La Europa deconstruída

La deconstrucción es un método de cocina consistente en cambiar la estructura y la forma de un plato, manteniendo su esencia inicial. Quizá al nuevo liderazgo europeo se le haya ido la mano con el nitrógeno líquido y el plato ya no recuerda en nada o casi nada al inicial.

Para conocer los ingredientes iniciales de la preparación de la Unión Europea hay que remontarse a los años 50, cuando el ministro francés de asuntos exteriores Robert Schuman creó la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) que cristalizó en 1957 con la firma del tratado de constitución de la Comunidad Europa. 
Los ingredientes del plato primigenio fueron: la unión aduanera y la política agraria común; la filosofía que subyacía al proceso era la construcción de una ciudadanía europea tras las dos guerras mundiales. Y ya en el primer tratado figuraba un trato preferente para las “Regiones ultraperiféricas”, es decir, el principio de solidaridad con las economías menos pujantes ya estaba en el germen de la Unión.

En mi opinión cuatro factores han determinado que el cocinado de la Unión Europea en su nueva receta no se ajuste en ingredientes, preparación y esencia a aquel surgido en los 50:


  • La globalización asimétrica: Es una de las críticas más comunes al proceso de construcción de una unión de Estados, la deslocalización de los capitales es perfecta, su movimiento es absolutamente libre y se hace por medio de un simple click; esta globalización no ha venido acompañada por un sistema eficaz de supervisión y control de los mercados financieros, que ha quedado en manos de los bancos centrales de los estados miembros, juez y parte. La movilidad de los ciudadanos tiene dificultades, décimas de euro de rentabilidad en un punto de la unión genera oportunidades de negocio a grandes fondos con sólo un click, situaciones laborales ventajosas en un país de la unión no atrae de manera inmediata a los trabajadores más cualificados o capaces, sino que la “movilidad” de los trabajadores tiene costes (incertidumbres, de expectativas de vida…) y dificultades (idiomáticas, culturales…); en este campo, ha abierto más fronteras el programa de intercambio de estudiantes ERASMUS que toda la regulación en la materia.
  • La falta de una verdadera ciudadanía europea: Quizá ERASMUS también hizo más que ninguna otra medida por la creación de una identidad europea común. Y, tal vez, para que esa globalización fuera menos asimétrica, debería de haberse internacionalizado la legislación y condiciones laborales. No hay ciudadanía sin derechos, y la expresión máxima de la falta de derechos es la incapacidad de los europeos para elegir de manera directa al presidente a la Comisión Europea.
  • La ausencia de un liderazgo político global: Los políticos de hoy entienden que Europa es un lugar en el que negociar en clave nacional, el campeón es el que más fondos, menos refugiados o más comisarios se trae a casa. Queda lejos los tiempos en los que políticos como Willy Brandt creían en un proyecto común de paz, estabilidad y crecimiento compartido, lo planificaban, debatían y compartían para llevarlo adelante. Quizá la falta de una conciencia política y un liderazgo europeo sea causa y efecto de la falta de un presupuesto significativo y una acción política real -tanto en armonización fiscal, como políticas económicas comunitarias de gasto coordinadas- que influya de manera real sobre la vida de los europeos. El último intento fue crear una tasa Tobin (tasa sobre las transacciones financieras internacionales) que se puso sobre la mesa más para dar impresión de acción que para llevarlo a cabo, pero la propuesta nació muerta.
  • Ciclo político: En este caso y como suele pasar en períodos de crisis, ha surgido en toda Europa una presión nacionalista que hace crecer las expectativas de voto de partidos como el Frente Nacional francés, o UKIP en Reino Unido, y que influye sobre las políticas de partidos de un espectro más amplio y gobiernos como el alemán, británico o español.

En este nuevo plato deconstruído, hay ingredientes que se han pasado de cocción, la presión de Europa sobre Grecia está causando que una crisis de deuda se convierta en una crisis social y de legitimidad democrática; los ciudadanos del sur conciben Europa como a las madrastras de los cuentos, a las que hay que satisfacer a base de sacrificio y que nunca tienen suficiente; y la falta de una política exterior común ha dejado en evidencia que la Europa social y de valores está en peligro de muerte, en un momento en el que la acogida de exiliados políticos y de guerra es una obligación y una oportunidad para reencontrarse y recuperar la esencia.


En este punto estamos, en el de decidir si somos la unión del carbón y el acero, un administrador concursal, la madrastra del cuento o un camino de derechos y libertades que merece la pena ser recorrido. 

jueves, 14 de agosto de 2014

Empleos de papel, recuperación de cartón

Como ya he dicho en otro post, el nombre del blog se debe a la cita de Keynes: “las estadísticas para los políticos son como las farolas para los borrachos, les sirven para apoyarse, no para iluminarse”.

Tal vez, en el futuro colocarán la fotografía de Mariano Rajoy junto a esta cita, ¿su mérito? apoyarse en las cifras del paro sin iluminarse en las causas que la provocan, de las que también hay evidencia estadística.

Para comenzar, deberíamos empezar por plantearnos la vigencia de unas estadísticas clásicas para una economía que ha cambiado y mucho en los últimos años. Me explico, no son comparables las cifras de empleo de hoy con las que teníamos cuando un contrato significaba trabajo estable e indemnización por despido.

Hoy, fijarse únicamente en el dato del paro es sacar una foto en blanco y negro con una cámara de carrete, sólo analizando la temporalidad, el número de horas trabajadas, la evolución de la tasa de actividad, el número de afiliados a la seguridad social y la estacionalidad tenemos un reflejo más o menos claro de la evolución y las causas de la bajada del paro.

Entonces, ¿qué realidad no ilumina la farola de Rajoy? Unos ejemplos:


-          Minijobs de horas: la última EPA refleja que en un trimestre el número medio de horas trabajadas ha caído de 35,5 a 35 horas semanales, siendo la jornada laboral de 40. Para la estadística que le gusta a Rajoy cuentan más dos trabajos de 3 horas semanales que uno de 40 horas. Algo por lo que brindar?
-          Maletas: en esto si que somos líderes europeos en jóvenes que abandonan el país para que alguien les deje demostrar lo que son capaces de hacer, más de 34 mil españoles en edad de trabajar han dejado España en 2013. Esto significa una caída en la misma cifra del paro, por un motivo que no es el de encontrar empleo sino la obligación de escapar para poder trabajar. Algo por lo que brindar? 
-          Crecimiento de autónomos: el número de personas que trabajan por cuenta ajena no deja de caer, mientras los autónomos crecen EPA tras EPA. Puede creerse que el espíritu emprendedor esté detrás de este hecho, pero, al menos en una parte importante existen dos factores a tener en cuenta: los autónomos de resistencia (mayores de 65 años incapaces de alcanzar una jubilación digna y de traspasar su negocio para complementarla) y los falsos autónomos (el último escalón de la precariedad, en lugar de ser contratado por una empresa, ésta te obliga a darte de alta como autónomo para no tener ningún derecho laboral como vacaciones, salario mínimo, indemnización por despido…). Algo por lo que brindar?
-          Temporalidad: Más del 90% de los contratos que se firman hoy en España son temporales, esto significa que sólo un 10% de las personas que consiguen un puesto de trabajo pueden pensar y planificar un horizonte temporal de más de un par de años, por aquello de tener una familia, una casa y otras cosas que uno podía hacer cuando encontraba un empleo. Algo por lo que brindar?
-          Inestabilidad: Supongamos que eres uno de esos 10 de cada 100 a los que la fortuna premia con un contrato fijo, puedes entonces planificar tu vida con tranquilidad? Pues parece que no, la reforma laboral firmada por el PP en 2012 (sin ningún tipo de consenso) rebaja la indemnización por despido desvirtuándola, por lo que la epidemia de la desconfianza en el futuro corre de casa en casa. 

Hoy parece utópico, pero deberíamos de diseñar un mercado de trabajo digno, ¿esto que es? uno que permita comer todos los días del mes, planificar gastos más allá de los próximos meses, no vivir con la amenaza constante de tener que marcharte a un país extraño para ganarte la vida o poder desarrollarte profesionalmente. Todo lo demás es contar papeles y brindar por ellos.

viernes, 4 de julio de 2014

De la liberación fiscal a la esclavitud social

El think tank Civismo ha declarado el 3 de julio como día de la liberación fiscal, suponen que justo hasta ese día cada uno de los trabajadores españoles trabajamos esclavizados por la tiranía de un Estado opresor que se cuela en nuestras cocinas cada noche para quitarnos el pan y la sal. Sólo a partir del 3 de julio el contador se pone a cero y nuestro esfuerzo se ve recompensado.

Frente a esta visión de los impuestos como una carga para aquellos que hacen bien las cosas, nos situamos aquellos que creemos que el papel fundamental de los Estados es el de actuar como nivelador social y generador de oportunidades, los que pensamos que la intervención pública no debe limitarse a legislar (por cierto, a diferencia de los think tank, legislar mercados y la liberar las conciencias), si no que debe cambiar realidades.

Vamos a darle una vuelta a esto de la opresión fiscal, vamos a reconocernos como colectivo primero y a pensar individualmente después. La derecha tiende a pensar que la mejora social es resultado de la suma de los esfuerzos individuales de cada uno de los miembros que la integran, por lo que los impuestos castigan a quien obtiene rendimientos de su esfuerzo y el gasto público sirve para premiar al vago.
Sin embargo, el razonamiento que nos mueve a las personas de izquierda es el contrario, vemos la sociedad como un mar, de modo que la mejora de las condiciones colectivas, las mejoras sociales conducen a su vez a mejoras individuales, como las subidas de las mareas. De ahí la existencia de un sistema de recaudación colectiva (cada uno en función de su capacidad) que pueda servir para que el proyecto común tenga sentido, para ese desarrollo común que nos atienda (a cada uno en función de sus necesidades).

Es en esta lógica del individualista, en la que hoy se nos dice que no hay para la Ley de la dependencia, sanidad universal, para que las pensiones crezcan al ritmo del coste de la vida o para los profesores de nuestros hijos pero la “recuperación” permite bajar impuestos a grandes fortunas o la seguridad social a las empresas del IBEX.

Siendo egoístas, al fin y al cabo, esos impuestos que nos oprimen son los que permiten a alguien de familia humilde desarrollar su talento y crear en un garaje el embrión de la marca de equipos informáticos y móviles de moda, los que permiten en definitiva el desarrollo intelectual, productivo y vital de cada uno de nosotros; pero siendo macroeconómicamente egoístas, ¿en cuanto se contraería el consumo familiar presente y futuro sin la tranquilidad que da saber que cuando uno deje de trabajar tiene asegurada una pensión? ¿sin la tranquilidad de saber que ante una enfermedad existe una cobertura pública de protección? ¿sin la tranquilidad de saber que entre todos nos encargamos de que nadie caiga al abismo?


Si es lo que queremos, llevemos al 2 de enero el día de la liberación fiscal, pero asumamos que el 3 será el de la esclavitud social.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Desestabilizadores automáticos

Vivimos atrapados en el paradigma político y económico de asumir únicamente dos factores para lo público: el coste y la rentabilidad; por eso nos movemos en el terreno del cuanto cuesta más que en el para que vale.

A esta línea de argumentación responden slogans de la derecha como: tendremos “el Estado de Bienestar que podamos permitirnos”, “las pensiones necesitan factores que las hagan sostenibles”,  “la sanidad actual necesita ser más barata para poder ser sostenible”, “ahora no nos podemos permitir el sistema de protección a personas dependientes”, “las becas, la educación pública y la investigación no se pueden asumir en este momento”, “las indemnizaciones por desempleo generan paro”.

Visto de esta manera, parece darse una relación de intercambio entre derechos sociales y económicos frente a prosperidad económica, y esa idea tan extendida hoy lo fue históricamente hasta que Keynes diseño  una nueva estrategia en política económica, las políticas anticíclicas, atribuyendo al Estado el papel de moderar el crecimiento económico en fases de expansión para que no se formaran burbujas y atenuando el decrecimiento económico en las épocas de crisis.

Dentro de las políticas anticíclicas, existe un tipo de instrumento que se llaman estabilizadores automáticos, que sin necesidad de tomar decisiones en política económica, suavizan los ciclos económicos. Se recaudará más en el fondo para el desempleo en épocas de pleno empleo y la aplicación de esos fondos en etapas de recesión supondrá un alivio para los desempleados que podrán mantener cierto nivel de gasto, matizando la caída generalizada de la economía.

En general, los derechos económicos y sociales, actúan como estabilizadores automáticos, constituyen ese suelo que nos permiten matizar el pesimismo que caracteriza a las crisis. Hoy muchos jubilados se hacen cargo con sus pensiones de mantener a familias en paro, reducirán sus ya mermadísimos gastos ante la amenaza de ese “factor de sostenibilidad”, nuevos copagos sanitarios, subidas en las tasas universitarias de sus nietos que ellos mismos pagan, posibles nuevas bajadas en las prestaciones por paro de sus hijos (si ya se ha rebajado una vez, porqué no lo harán de nuevo?) o ante el riesgo de que él mismo o un familiar caiga en una situación de dependencia para la que ya no tendrá asistencia ni derechos públicos.

De esta manera, la financiación de servicios sociales y derechos económicos en épocas de bonanza servirá para paliar el efecto riqueza, que es ese consumo que se produce por encima del asociado al nivel de ingresos por la percepción de que todo siempre irá bien (lo que algunos llaman vivir por encima de tus posibilidades); por otra parte el mantenimiento de esos mismos derechos sociales y civiles sirven, como es obvio, para garantizar unas condiciones vitales mínimas y garantizar la igualdad de oportunidades, pero también para permitir niveles de consumo por encima de las que existirían en etapas recesivas.

Así que tumbar los derechos de las personas dependientes, degradar las pensiones, establecer copagos sanitarios e implantar modelos público-privados, rebajar prestaciones por desempleo, cambiar el método de cálculo de las becas y demás recetas que está aplicando la derecha para desmontar el Estado de bienestar, no son sólo crueles socialmente sino que son aberraciones económicas, por cuanto se están convirtiendo estabilizadores automáticos en desestabilizadores automáticos, ya que no solo tiene efectos económicos directos, sino que constituye un clima de desconfianza sobre la permanencia de los derechos que no se han eliminado.


Tal vez sea el momento de replantearnos si lo útil socialmente y lo necesario económicamente pueden ir de la mano y si los sacrificios se hacen a los altares de la racionalidad económica o de intereses privados e ideología política.

martes, 4 de junio de 2013

Historia generacional del #84

Nunca he pensado que las circunstancias pesen más que lo que uno es, pero si que es bien cierto que el momento y el lugar pueden marcar carácter y manera de enfrentarse a las cosas, en este sentido, hablando con un colega con el que estudié en la facultad, me decía que la nuestra va a ser una generación de agarrados, que nos lo íbamos a pensar muy mucho antes de soltar un euro.

Somos la primera generación que se enfrentó a la ESO, quizá eso juega en contra de nuestra autoestima generacional, fuimos los primeros en estudiar en un instituto con 12 años, enfrentarnos a asignaturas que nadie sabía lo que eran, quizá por eso aprendimos pronto a enfrentarnos a una sociedad en cambio continuo, en estado líquido más que sólido. En A Coruña somos los que no sabíamos muy bien que pasaba y porqué todos se preocupaban tanto el día que encalló el Mar Egeo, la generación de los niños de los conciertos didácticos Sinfónica, de las aulas de ordenadores y los museos científicos, crecimos pensando que también era función de las administraciones públicas velar por la cultura y el fomento de hábitos saludables, vimos como plazas, parques y piscinas iban surgiendo por todas las esquinas de la ciudad.

Con el tiempo fuimos aprendiendo a tener espíritu crítico, diferenciando entre los viejos profesores de tradición franquista, que nos tocaron y nos obligaban a rezar un padre nuestro cada mañana en un colegio público (y laico), de aquellos profesores que te animaban a enfrentarte a lo que no te gustaba, a decirle a quien se equivocaba que no estaba en lo cierto, por muy poderoso que fuera. Así salimos a la calle, nos enfrentamos a la LOU de la Ministra Pilar del Castillo, nos manifestamos contra la guerra de Irak por cruel e injusta, nos implicamos en la defensa de nuestras costas cuando fueron agredidas por el Prestige y la incompetencia de los dirigentes políticos de la época.

Puede que cualquiera, de cualquier generación pueda hacer un retrato parecido (con sus singularidades) al que estoy haciendo yo, asumo que nada de esto nos hizo mejores ni peores, pero si que nos adaptó a un mundo en cambio contínuo con retos e instrumentos diferentes (con Cibers, móviles, sms…).

Nos llamaron la generación Nini, cuando muchos éramos Sisi, estudiando y trabajando, responsabilizándonos, por más que viéramos que necesitábamos mil de nuestras pagas para llegar a lo que cobraba un compañero de colegio que lo había dejado todo por irse a trabajar a la construcción, aún así muchos apretamos los puños, nos creímos lo que nos dijisteis, nos encerramos y estudiamos, tuvimos paciencia, sacamos una carrera, o dos, y un máster o un par, fuimos excelentes cuando pudimos, muy buenos en muchos casos y simplemente pasables la mayor parte del tiempo.

Vimos como nuestros padres se deslomaban para que estudiasemos con el sosiego que ellos no pudieron tener, nunca faltó un céntimo para apuntes y libros de la carrera, pero también para novelas, entradas de cine y teatro, para educación y cultura barra libre. Vimos planes para que científicos españoles volvieran y desarrollaran sus proyectos en España, nos creímos lo del cambio de modelo productivo, en casa también vimos como nuestros hermanos y primos mayores, acababan la carrera, entraban en una empresa con una beca y al tiempo se quedaban en ella (probablemente no con la estabilidad de nuestros padres pero con garantías), se compraban un coche, se independizaban y, aún siendo mileuristas, iban tirando.

A nosotros nos tocó acabar la carrera en el 2008/2009 (de media) cuando la crisis ya se olía, nos enfrentamos con ella como nos habíamos enfrentado a todo lo demás, con paciencia, y con cierto alivio, siempre nos habían dicho nuestros padres que estudiando nos cubríamos de estas situaciones, que si no era de ingeniero o economista, siempre podríamos trabajar de administrativos o electricistas, que el camino complicado era, eso, complicado, pero también daba garantías.

¿Cómo iban nuestros padres a saber que el mundo iba a empezar a  girar en sentido contrario? Empezamos a acostumbrarnos a esconder carreras, másters, postgrados y méritos de nuestros CVs (con el esfuerzo que nos habían costado) para no ser descartados a la primera y hoy nos acostumbramos a un estado de las cosas que ha dejado de ser líquido para ser gaseoso, aprendimos que nuestro techo era bajo (o pegado a una maleta) y nuestro suelo movedizo, día a día han ido cayendo derechos económicos y sociales que se nos habían dicho consolidados; la seguridad de las pensiones, la prestación por desempleo o la sanidad pública cada vez ofrecen menos garantías, y derechos como el aborto, la ley de dependencia o el matrimonio homosexual que nosotros mismos vimos nacer o consolidarse, se tambalean.

Hay quien quiere poner la pelota sobre nuestro tejado, decir que estamos acomodados, que no todo se le puede dar a uno hecho, que somos culpables de nuestro desempleo o afortunados por tener un trabajo mal o nada remunerado, enfrentando a becarios con parados y a precarios con mileuristas. Nos dicen que emprendamos, pero nadie dice como se hace si el banco no da crédito, si nadie nos da una oportunidad de trabajo previo para aprender a enfrentarnos a la realidad y si nadie apuesta por nuestro talento.


Puede que vayamos a ser una generación de ratas, que estemos aprendiendo que un euro gastado hoy en ocio puede sernos muy necesario pasado mañana ante una enfermedad o una situación difícil, puede que la variable sociológica sea fundamental en las decisiones económicas y vitales que tomamos, puede que sea simple adaptación al medio, puede que vayamos a ser una generación de “agarrados” pero jamás seremos una generación de Zombies. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

Balance de 2012… y lo que te rondaré morena.


Cuando quedan pocas horas de 2012, va tocando el repaso de lo que ha sido este año, los telediarios se llenan de espacios de lo mejor del deporte, lo mejor del año en la música o los momentos televisivos más divertidos, creo que si hacemos un repaso de la evolución nuestra psicología colectiva a lo largo de este año, nos hacemos conscientes de que cada vez nos vemos más pequeños y nuestro suelo se hace menos estable.

Es cierto que en los peores momentos colectivos surgen grandes ejemplos personales, sucedió, por ejemplo ante la catástrofe del Prestige en Galicia, ante la ineptitud y la incapacidad de los gobernantes, fue la propia ciudadanía quien se organizó para hacer lo que el gobierno podía y tenía medios para hacer, pero sencillamente no podía o no quería hacer. Algo parecido está sucediendo con nuestros servicios sociales y nuestra red de solidaridad, mientras este gobierno incapaz va destejiendo la red y ahogando a quien se encarga de ella, surgen movimientos pequeños en algunos casos, pero significativos en todos, heroicos que dan amparo y algo de estabilidad a quien menos tiene; muchos dicen que se cambia solidariedad por caridad, yo creo que vivimos ahora, lo que ya hemos vivido en el post Prestige, una reacción popular en un momento de emergencia social. Y es ahora, cuando me duele más que ninguna puñalada escuchar a mi amigo Víctor Omgbá llorar en la radio porque la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de A Coruña consideran que atender a cientos de miles de emigrantes que no tienen nada, como hace Equus Zebra, merece 0 euros para el próximo año.

No es cierto que el recorte se haga a bulto, sobre lo fácil y  no sobre lo prescindible, lo único cierto es que hemos puesto a los zorros a cuidar de las gallinas, quien tiene las herramientas para, por lo menos, desacelerar la destrucción de empleo y el desamparo de quien más necesita la intervención del Estado, son los mismos que nos han metido en un círculo vicioso de destrucción de lo público, cuanto más recortes más sufrimiento y peores datos económicos, que justifican nuevos recortes.
Asumo que este racionamiento es simple y cierto, y que estos razonamientos han caído en desuso, ahora lo que se lleva, la vanguardia política y económica, lleva a razonamientos del tipo: facilitar el despedido para acabar con el paro, privatizar la sanidad para garantizar la supervivencia de la sanidad pública, pagar tasas en la justicia para que exista más y mejor justicia, rebajar las cotizaciones sociales a cargo de las empresas y que no existan fondos en la Seguridad Social para las pagas de los pensionistas o desmantelar la ley de dependencia para que los dependientes estén mejor atendidos.

No estoy siendo pesimista, simplemente estoy recogiendo una percepción que creo colectiva, de una sinrazón que hiere tanto que ocupa la mayor parte de nuestras conversaciones y nuestras preocupaciones; y como no va a preocuparnos, la posibilidad de que nuestro futuro personal (el de cada uno individualmente considerado) sea peor es cada vez mayor y la protección en el caso de que eso suceda es cada vez menor. Nos vemos obligados a ahorrar por si nos quedamos en el paro, porque no sabemos cuanto nos quedará de prestación por desempleo, tenemos que ahorrar por si enfermamos porque no sabemos si el copago llegará al 100%, hay que ahorrar porque no sabemos si el próximo mes cobraremos y porque si no lo hacemos, además tendremos que pagar tasas para recuperar lo nuestro.

Es obvio que los recortes no van sobre los prescindible o sobre lo fácil, simplemente son pasos calculados para el desmantelamiento de lo público, de esa red que nos permite vivir con desahogo, que nos permite comprarnos un coche, irnos de vacaciones, reformar nuestra casa o hipotecarnos, porque todos estos gastos hasta hace nada eran normales o comunes, hoy soy una frivolidad, porque viviremos con la sensación de que hemos gastado en un viaje a Punta Cana lo que puede que necesitemos gastar en una operación de vesícula o en el pan de nuestros hijos porque ya no sabemos si el próximo mes seguiremos trabajando ni qué nos corresponderá si no es así.

Mientras tanto, los funcionarios no tienen paga extra, que no consumen en los comercios de su ciudad, que no ven motivos para contratar a nuevos empleados, porque nadie suelta un céntimo, ese céntimo, ese pequeño céntimo que mañana puede sacarnos de una situación peliaguda porque no podemos depender indefinidamente de la buena voluntad de nuestros vecinos, porque de cuestiones de importancia colectiva debería de existir gestión colectiva. 

lunes, 2 de julio de 2012

Yo digo rescate, tú dices tomate al 18%.


Parece que el crédito al sistema financiero en condiciones favorables y sin contrapartidas asoma la patita por debajo de la puerta.
Si es cierto que se trata de un crédito y no se exigen contrapartidas, cuando se adelanten las  medidas más duras previstas para el próximo año 2013 será una muestra de improvisación. Si no es un crédito blando y se plantean medidas macroeconómicas como parte del rescate, supondrá en la práctica pérdida de soberanía. En ambos casos, Mariano Rajoy vuelve a ser presa de su comunicación confusa y de un pasado reciente de oposición de patio de colegio.

Sea por necesidad (en el caso de rescate) o por gusto (en el caso de que no exista obligación con la UE y el FMI), lo que ya parece claro es que todos estamos preparando la taladradora para hace un agujerito más al cinturón que ya hemos apretado al máximo.

Sin posibilidad de reducir el gasto público, por la paralización de infraestructuras, la no reposición de funcionarios, el aumento de alumnos por aula en la escuela pública o medidas tan polémicas como el medicamentazo… al gobierno no le queda otra que meterle mano a los grandes ingresos para poder controlar un déficit que  se empecina en crecer y que seguirá creciendo mientras nuestra única apuesta sea la del decrecimiento de la actividad.

Parece que Guindos tiene en mente optar por una subida del IVA, esta puede ser la salida más cómoda, por un lado porque su capacidad recaudatoria es mayor que la de otros impuestos y porque su efecto es casi inmediato sobre la hacienda pública. Incluso se empieza a hablar de una la eliminación del tipo superreducido (4%), es una figura que no existe en muchos países europeos y en los que existe, suele estar por encima del Español (9% en Irlanda o 6,5% en Grecia), de modo que su justificación sería fácil, con la escusa de la homogeneización y convergencia con Europa.

¿Qué supone una subida del IVA en general? El hecho imponible del IVA es la compra de bienes y servicios por parte de consumidores finales, por lo que se grava el consumo final, por eso es regresivo - las rentas bajas tienen que destinar un mayor porcentaje de sus ingresos al consumo. Quien gana 1.000 euros al mes no puede permitirse el lujo de no consumir (ahorrar) si quiere llegar a fin de mes, mientras que las grandes rentas pueden elegir cuanto gasta y cuanto ahorra.

¿Qué supone una subida o eliminación del IVA superreducido? Un doble palo a las clases medias, ya que este tipo trata de introducir un matriz progresivo al impuesto. Al gravar menos los bienes de primerísima necesidad, se difumina el efecto que penaliza a las rentas bajas del que hablé antes.

¿Este sacrificio serviría para algo? Para tanto como darle un gelocatil a un enfermo grave que esté en la UVI, superficialmente y por un tiempo corto si, ¿a la larga? para nada, no va a la raíz del problema, estamos en una crisis estructural, de modelo productivo que no, o por lo menos no sólo, se puede enfrentar con medidas parciales y coyunturales. Los ingresos crecerían al principio, pero la actividad económica a medio plazo se resentiría, a menor consumo menores bases a las que aplicar el IVA y, por lo tanto, menos ingresos públicos. Seremos más pobres para nada.

Mientras, casi todos los servicios bancarios y la iglesia están exentos de IVA, las grandes fortunas tienen su dinero en paraísos fiscales con seguro de confidencialidad allí y jugosas amnistías fiscales aquí, nos preparamos para otra vuelta de tuerca de este juego absurdo.