martes, 4 de junio de 2013

Historia generacional del #84

Nunca he pensado que las circunstancias pesen más que lo que uno es, pero si que es bien cierto que el momento y el lugar pueden marcar carácter y manera de enfrentarse a las cosas, en este sentido, hablando con un colega con el que estudié en la facultad, me decía que la nuestra va a ser una generación de agarrados, que nos lo íbamos a pensar muy mucho antes de soltar un euro.

Somos la primera generación que se enfrentó a la ESO, quizá eso juega en contra de nuestra autoestima generacional, fuimos los primeros en estudiar en un instituto con 12 años, enfrentarnos a asignaturas que nadie sabía lo que eran, quizá por eso aprendimos pronto a enfrentarnos a una sociedad en cambio continuo, en estado líquido más que sólido. En A Coruña somos los que no sabíamos muy bien que pasaba y porqué todos se preocupaban tanto el día que encalló el Mar Egeo, la generación de los niños de los conciertos didácticos Sinfónica, de las aulas de ordenadores y los museos científicos, crecimos pensando que también era función de las administraciones públicas velar por la cultura y el fomento de hábitos saludables, vimos como plazas, parques y piscinas iban surgiendo por todas las esquinas de la ciudad.

Con el tiempo fuimos aprendiendo a tener espíritu crítico, diferenciando entre los viejos profesores de tradición franquista, que nos tocaron y nos obligaban a rezar un padre nuestro cada mañana en un colegio público (y laico), de aquellos profesores que te animaban a enfrentarte a lo que no te gustaba, a decirle a quien se equivocaba que no estaba en lo cierto, por muy poderoso que fuera. Así salimos a la calle, nos enfrentamos a la LOU de la Ministra Pilar del Castillo, nos manifestamos contra la guerra de Irak por cruel e injusta, nos implicamos en la defensa de nuestras costas cuando fueron agredidas por el Prestige y la incompetencia de los dirigentes políticos de la época.

Puede que cualquiera, de cualquier generación pueda hacer un retrato parecido (con sus singularidades) al que estoy haciendo yo, asumo que nada de esto nos hizo mejores ni peores, pero si que nos adaptó a un mundo en cambio contínuo con retos e instrumentos diferentes (con Cibers, móviles, sms…).

Nos llamaron la generación Nini, cuando muchos éramos Sisi, estudiando y trabajando, responsabilizándonos, por más que viéramos que necesitábamos mil de nuestras pagas para llegar a lo que cobraba un compañero de colegio que lo había dejado todo por irse a trabajar a la construcción, aún así muchos apretamos los puños, nos creímos lo que nos dijisteis, nos encerramos y estudiamos, tuvimos paciencia, sacamos una carrera, o dos, y un máster o un par, fuimos excelentes cuando pudimos, muy buenos en muchos casos y simplemente pasables la mayor parte del tiempo.

Vimos como nuestros padres se deslomaban para que estudiasemos con el sosiego que ellos no pudieron tener, nunca faltó un céntimo para apuntes y libros de la carrera, pero también para novelas, entradas de cine y teatro, para educación y cultura barra libre. Vimos planes para que científicos españoles volvieran y desarrollaran sus proyectos en España, nos creímos lo del cambio de modelo productivo, en casa también vimos como nuestros hermanos y primos mayores, acababan la carrera, entraban en una empresa con una beca y al tiempo se quedaban en ella (probablemente no con la estabilidad de nuestros padres pero con garantías), se compraban un coche, se independizaban y, aún siendo mileuristas, iban tirando.

A nosotros nos tocó acabar la carrera en el 2008/2009 (de media) cuando la crisis ya se olía, nos enfrentamos con ella como nos habíamos enfrentado a todo lo demás, con paciencia, y con cierto alivio, siempre nos habían dicho nuestros padres que estudiando nos cubríamos de estas situaciones, que si no era de ingeniero o economista, siempre podríamos trabajar de administrativos o electricistas, que el camino complicado era, eso, complicado, pero también daba garantías.

¿Cómo iban nuestros padres a saber que el mundo iba a empezar a  girar en sentido contrario? Empezamos a acostumbrarnos a esconder carreras, másters, postgrados y méritos de nuestros CVs (con el esfuerzo que nos habían costado) para no ser descartados a la primera y hoy nos acostumbramos a un estado de las cosas que ha dejado de ser líquido para ser gaseoso, aprendimos que nuestro techo era bajo (o pegado a una maleta) y nuestro suelo movedizo, día a día han ido cayendo derechos económicos y sociales que se nos habían dicho consolidados; la seguridad de las pensiones, la prestación por desempleo o la sanidad pública cada vez ofrecen menos garantías, y derechos como el aborto, la ley de dependencia o el matrimonio homosexual que nosotros mismos vimos nacer o consolidarse, se tambalean.

Hay quien quiere poner la pelota sobre nuestro tejado, decir que estamos acomodados, que no todo se le puede dar a uno hecho, que somos culpables de nuestro desempleo o afortunados por tener un trabajo mal o nada remunerado, enfrentando a becarios con parados y a precarios con mileuristas. Nos dicen que emprendamos, pero nadie dice como se hace si el banco no da crédito, si nadie nos da una oportunidad de trabajo previo para aprender a enfrentarnos a la realidad y si nadie apuesta por nuestro talento.


Puede que vayamos a ser una generación de ratas, que estemos aprendiendo que un euro gastado hoy en ocio puede sernos muy necesario pasado mañana ante una enfermedad o una situación difícil, puede que la variable sociológica sea fundamental en las decisiones económicas y vitales que tomamos, puede que sea simple adaptación al medio, puede que vayamos a ser una generación de “agarrados” pero jamás seremos una generación de Zombies.