El think tank Civismo ha
declarado el 3 de julio como día de la liberación fiscal, suponen que justo
hasta ese día cada uno de los trabajadores españoles trabajamos esclavizados
por la tiranía de un Estado opresor que se cuela en nuestras cocinas cada noche
para quitarnos el pan y la sal. Sólo a partir del 3 de julio el contador se
pone a cero y nuestro esfuerzo se ve recompensado.
Frente a esta visión de los
impuestos como una carga para aquellos que hacen bien las cosas, nos situamos
aquellos que creemos que el papel fundamental de los Estados es el de actuar
como nivelador social y generador de oportunidades, los que pensamos que la
intervención pública no debe limitarse a legislar (por cierto, a diferencia de
los think tank, legislar mercados y la liberar las
conciencias), si no que debe cambiar realidades.
Vamos a darle una vuelta a
esto de la opresión fiscal, vamos a reconocernos como colectivo primero y a
pensar individualmente después. La derecha tiende a pensar que la mejora social
es resultado de la suma de los esfuerzos individuales de cada uno de los
miembros que la integran, por lo que los impuestos castigan a quien obtiene
rendimientos de su esfuerzo y el gasto público sirve para premiar al vago.
Sin embargo, el razonamiento
que nos mueve a las personas de izquierda es el contrario, vemos la sociedad
como un mar, de modo que la mejora de las condiciones colectivas, las mejoras
sociales conducen a su vez a mejoras individuales, como las subidas de las
mareas. De ahí la existencia de un sistema de recaudación colectiva (cada uno
en función de su capacidad) que pueda servir para que el proyecto común tenga
sentido, para ese desarrollo común que nos atienda (a cada uno en función de
sus necesidades).
Es en esta lógica del
individualista, en la que hoy se nos dice que no hay para la Ley de la
dependencia, sanidad universal, para que las pensiones crezcan al ritmo del
coste de la vida o para los profesores de nuestros hijos pero la “recuperación”
permite bajar impuestos a grandes fortunas o la seguridad social a las empresas
del IBEX.
Siendo egoístas, al fin y al
cabo, esos impuestos que nos oprimen son los que permiten a alguien de familia
humilde desarrollar su talento y crear en un garaje el embrión de la marca de
equipos informáticos y móviles de moda, los que permiten en definitiva el
desarrollo intelectual, productivo y vital de cada uno de nosotros; pero siendo
macroeconómicamente egoístas, ¿en cuanto se contraería el consumo familiar presente
y futuro sin la tranquilidad que da saber que cuando uno deje de trabajar tiene
asegurada una pensión? ¿sin la tranquilidad de saber que ante una enfermedad
existe una cobertura pública de protección? ¿sin la tranquilidad de saber que
entre todos nos encargamos de que nadie caiga al abismo?
Si es lo que queremos, llevemos
al 2 de enero el día de la liberación fiscal, pero asumamos que el 3 será el de
la esclavitud social.