Entre los principios clásicos e indiscutibles de las haciendas públicas está la progresividad de la recaudación, entendida como la aportación más que proporcional a la hacienda pública a medida que crece la capacidad adquisitiva del contribuyente. Este es precisamente un caballo de batalla de la izquierda y un logro de las sociedades modernas.
Últimamente se está estableciendo un debate sobre la progresividad en el gasto público, haciendo pensar que el Estado deberá proveer servicios públicos gratuitos únicamente a las clases más desfavorecidas, confundiendo así progresividad y redistribución (que se entiende como la capacidad del gasto público de generar dinámicas que permitan salidas a la exclusión, e igualdad de oportunidades). Este debate lo está poniendo encima de la mesa la derecha, curioso, ¿verdad?
Vamos comprar la moto neocon y suponer que no nos podemos permitir sanidad y educación a cargo de la caja pública (que no es así), y a asumir el uso excesivo y caprichoso de los servicios públicos (que tampoco), ¿sería efectivo, útil y válido el repago sanitario y educativo para las rentas altas?
Lo más evidente es que la capacidad recaudatoria es muy limitada para las figuras tributarias dirigidas únicamente a las capas más altas. Para tener efectos significativos sobre la recaudación, cabrían dos posibilidades:
1- generalizar el copago a las clases medias, por lo que dejaría de ser a las grandes rentas,
2- aumentar la cuantía del copago, con lo que se excluye del sistema a las rentas más altas que podrían ver como la alternativa privada les es más barata y exclusiva que la pública. La máxima de la caverna de que: “los ricos pagan el colegio y los hospitales de los pobres” se haría cierta.
La mejora de la eficiencia que provenga del copago vendría de la mano de un “uso racional de los servicios”, es decir, que suponemos que uno va al médico porque se aburre en casa; aunque así fuera, yo al menos, prefiero 5 minutos más en la sala de espera, que un enfermo de cáncer sin diagnosticar por no pagar los X € que cueste la consulta y las pruebas. Y hablar de eficiencia y de malgasto en educación con las tasas de fracaso escolar que tenemos, es un verdadero insulto.
Además se está obviando el hecho que una sociedad más sana y con mayores niveles de educación es por definición mejor, pero es que además es económicamente mejor, los niveles de competencia y trabajo cooperativo que generan la igualdad de oportunidades que fomenta la educación y los obvios beneficios de una sociedad sana, suponen una mejora de la productividad y lo que, en economía, se llaman externalidades positivas; cada euro “gastado” en sanidad y educación, por lo tanto es, devuelto en actividad económica multiplicado por 2, por 3 o por 100.
Puestos a copagar, podríamos empezar por otros servicios públicos: por las autovías, por el servicio de recogida de basuras, por el uso de los parques o por el alumbrado público (la tecnología la podemos copiar de las velitas de las iglesias), pero nada de eso aseguraría que ninguno de esos servicios mejorara o fuera más sostenible en el tiempo, ya que, por definición los ingresos públicos provengan de donde provengan (precios públicos, tasas, impuestos…) no están afectados a ningún gasto, es decir, el ingreso es independiente del gasto al que se destina, lo recaudado se lleva a una caja común de la que las salidas de dinero también son comunes.
No es por eficacia, ni por eficiencia, ni por sostenibilidad del Estado de bienestar, es política, es manera de entender las cosas, es por qué y a quien se defiende, es la manera de entender la sociedad.
Bravo Ton! Eficiencia, progresividad, redistribución, etc son palabras que últimamente están perdiendo su significado y con cada nuevo paquete de medidas (mejor dicho, recortes) se ahonda mas en el problema (incremento de IVA, amnistía fiscal y todo lo demás. Veremos a donde llegamos.
ResponderEliminarJose.